Filosofía de la Ciencia, Historia de la Ciencia

Alemanes y aliados en busca de la bomba atómica

El reactor de Haigerloch
El reactor nuclear de Haigerloch

Que los físicos alemanes quisieran o no fabricar la bomba atómica siempre ha estado en tela de juicio. Antes de la guerra Alemania era un destino privilegiado para todo científico, los mayores avances en ciencia y tecnología estaban germinando allí, era fácil suponer que lo conseguirían durante el régimen nazi. La sorpresa fue en realidad conocer su fracaso y escuchar después un sinfín de exculpaciones que han llevado a muchos a proclamar la superioridad moral del equipo alemán sobre los científicos del proyecto Manhattan, que sí lograron tan terrible propósito.

La mayoría de los científicos que no eran nazis y, sin embargo, trabajaron para Hitler adoptaron una postura dual; se centraban en la investigación objetiva y se adaptaban o sometían a la situación política en un aura de “pureza irresponsable”. Los aliados por su parte aplacaban su conciencia convencidos de que el enemigo avanzaba más deprisa hacia la bomba atómica. Hasta diciembre de 1944 no tuvieron certeza del fracaso de los alemanes, cuando llegó a Estrasburgo un grupo de agentes secretos, el equipo Alsos, liderado por Samuel Goudsmit, físico y políglota que conocía a Werner Heisenberg. El resultado de la misión, el reactor nuclear de Haigerloch, que nunca llegó a funcionar, y diez físicos capturados; incluido Heisenberg.

Encierro en Farm Hall

A primeros de julio de 1945 los detenidos fueron internados, por motivos de seguridad, en una mansión de la campiña inglesa, Farm Hall. Las conversaciones que allí se grabaron con micrófonos ocultos se enviaban al responsable del proyecto Manhattan, el general Groves. Se trataba de la operación Épsilon y las cintas permanecieron en secreto unos 50 años. La primera edición pública de estas transcripciones es británica, carece de explicaciones para no iniciados en física atómica, y contiene vaguedades debidas al proceso de traducción. Thomas Powers, apasionado defensor de Heisenberg, y Michael Frayn se basaron en esta edición para escribir sus obras.

Mansión de Farm Hall
Mansión inglesa de Farm Hall

El físico estadounidense Jeremy Bernstein, que conocía aquella época histórica y había trabajado en física nuclear, arrojó algo más de luz con su edición comentada sobre qué se dijo entre las paredes de Farm Hall. “La fantasía de que Heisenberg supo durante todo el tiempo cómo fabricar una bomba, pero lo mantuvo en secreto, es absurda”, asegura Bernstein. Ésta es su conclusión ante las discusiones técnicas que los recluidos mantuvieron durante varios días tras el golpe de Hiroshima.

Según Bernstein estas disertaciones no se asientan en conceptos sólidos y se ve que “Heisenberg seguía sin entender la diferencia básica entre un reactor y una bomba”. Con respecto a una conferencia que impartió allí mismo, bajo petición de sus colegas, Bernstein declara “casi todo lo que Heisenberg dice en ella elude puntos esenciales y los comentarios de sus compañeros son aún peores”. Incluso hizo un cálculo de la masa crítica, la cantidad de U-235 necesaria para lograr una reacción en cadena, que según los expertos es muy elegante pero conceptualmente erróneo.

Orígenes de un mito

Desde entonces para muchos historiadores cualquier defensa basada en argumentos morales se derrumba, y aseguran que aquellos hombres no mostraban remordimientos y estaban dispuestos a negar toda relación con el régimen de Hitler. Solo tres de ellos no había formado parte de una entidad nazi; Heisenberg, Otto Hahn que en 1938 había participado en el descubrimiento de la fisión del uranio y Max von Laue, premio Nobel en 1914 por sus estudios de difracción de rayos X con cristales. Los veteranos Hahn y Laue parecen ser los únicos que hicieron un examen de conciencia.

Carl Friedrich von Weizsäcker
Carl Friedrich von Weizsäcker

El historiador y periodista John Cornwell relata en su libro “Los científicos de Hitler” cómo Weizsäcker había intentado crear un mito con su propia “lectura” de los hechos. Después de escuchar las noticias sobre Hiroshima, en Farm Hall, Weizsäcker declaró “yo creo que la razón de que no lo hiciéramos fue que no queríamos hacerlo, por principios”. Según Laue en las discusiones que siguieron a esta propuesta el líder era Weizsäcker, “no oí ninguna mención sobre un punto de vista ético y Heisenberg permanecía en silencio la mayoría de las veces”, escribía en una carta.

Compañeros de viaje

Aquella fue una noche agitada y al día siguiente, con alguna que otra reticencia, los diez científicos alemanes redactaron una memoria sobre la naturaleza de su proyecto de investigación nuclear, y la firmaron. Como dice Cornwell, consensuaron así la versión que ofrecerían a sus compatriotas y al mundo. Tras la guerra llegó el momento de distinguir a los héroes de los traidores y apareció también la figura de los intocables, “los compañeros de viaje”. Aquí es donde algunos sitúan a Heisenberg, junto a muchos otros que parecían negarse a ver lo que estaba ocurriendo.

El historiador de la ciencia Mark Walker opina que estos apolíticos “eran a menudo más peligrosos que los verdaderos seguidores de Hitler o sus oponentes”. Y considera que “se le ha atribuido una importancia extraordinaria y poco verosímil a un símbolo de la mítica bomba atómica alemana; la conversación de Heisenberg con su amigo y mentor Niels Bohr en Copenhague, en 1941”. Mientras Heisenberg una y otra vez revisaba, reinterpretaba, lo que recordaba de aquel encuentro frente a historiadores y periodistas Bohr prefería no hablar en público de ello. Sin embargo, sí dejó pruebas de su estado de ánimo en once borradores de una carta nunca enviada que dirigía a Heisenberg.

Cartas de Bohr

El físico danés Niels Bohr
El físico Niels Bohr

En el 2002 la familia Bohr molesta por el debate que había revivido la obra teatral “Copenhague” decidió publicar aquella carta y sus borradores. Escritos en 1962, el mismo año en que Bohr murió, se había planificado mantenerlos como confidenciales durante 50 años. Pero la ficción despertó una realidad dolorosa porque este danés, considerado como uno de los científicos más honrados de su tiempo, según Cornwell pareció vivir “atormentado por la idea de haber interpretado mal las palabras de Heisenberg y que ese error hubiera espoleado a los aliados”.

En su carta acusa a Heisenberg de haber adoptado una actitud engañosa después de la guerra diciendo que había socavado el proyecto alemán. Bohr estaba convencido de que Heisenberg no le había dado a entender que ese programa estaba estancado sino todo lo contrario, y por eso cuando en 1943 tuvo noticias por primera vez del proyecto Manhattan les alertó sobre las intenciones de Heisenberg para obtener una bomba. Parece que todos debían revisar sus convicciones y no era para menos, en Hiroshima y Nagasaki las armas nucleares sesgaron unas 300.000 vidas.

Veredicto para Heisenberg

Bohr intentaba consolarse pensando que el proyecto Manhattan ya estaba bastante avanzado cuando se unió a él. Los borradores de aquella carta revelan una profunda preocupación por las impresiones que el desencuentro con su antiguo amigo le causó. Heisenberg por su parte nunca manifestó pesar por haber trabajado para Hitler, al menos no de forma abierta, y quizás por eso se ganó tantos “enemigos”.

El físico Werner Heisenberg
El físico Werner Heisenberg

Algunos le defienden con pasión, otros le acusan de falsear su memoria, y muchos prefieren no juzgar. Entre sus defensores más conocidos figuran Robert Jungk, autor de “Más brillante que mil soles”, Thomas Powers y Michael Frayn, entre muchos otros. Su crítico más ferviente, el historiador Paul Lawerence Rose junto a Jorge Volpi que le persigue sin cuartel en su novela “En busca de Klingsor”. Jeremy Bernstein, Mark Walker y John Cornwell también se pueden incluir en la lista de los menos favorables. Veamos cuál es el veredicto de Cornwell para este físico alemán.

Heisenberg no era nazi, ni antisemita, pero sí un patriota. Fue un gran físico teórico, quizás le faltaban aptitudes para la experimentación. No era el líder más adecuado para el programa de la bomba atómica nazi, pero tampoco hay pruebas de que aspirara a dirigirlo para privar a Hitler de ella. Como muchos, estaba convencido de que la guerra no podía durar mucho y fue lo bastante atrevido para sugerírselo a Albert Speer, el arquitecto de Hitler. No hay pruebas de que lamentara su papel en la guerra, pero hay muchas de que falseó la memoria de su actuación en ella.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s